El campesinado en la Rusia zarista

El desarrollo económico se puede promover “desde arriba”, desde el estado o una parte de sus dirigentes, o puede iniciarse y llevarse a cabo por una iniciativa social, con o sin la ayuda estatal. Un ejemplo clásico del desarrollo iniciado desde arriba es la política de Pedro el Grande. A pesar de los avances dados, la Rusia de los zares siguió siendo un estado agrario. La mayoría de la población seguía trabajando en una agricultura primitiva, en un momento en el que Occidente la revolución tecnológica operaba maravillas económicas y sociales desde hacía ya tiempo. La mayoría de los terratenientes rusos no logró transformar sus tierras en empresas modernas; al contrario, prefirieron explotar el trabajo barato y abundante de una multitud de campesinos pobres que trabajaban como aparceros o que se endeudaban, y que no eran asalariados.

Esta base agraria era muy poco productiva y no aportaba recursos suficientes para financiar un desarrollo, y por otro lado, las crecientes necesidades del estado ejercían una tensión sobre la capacidad del campesinado de hacer frente a su carga. Pero al mismo tiempo, la misma clase terrateniente que no conseguía administrar sus tierras de forma rentable, era la clase política dirigente: sus miembros estaban en la cúpula de la burocracia gubernamental y dominaban la corte zarista donde se tomaban las decisiones políticas fundamentales.

Por lo tanto, podemos hablar de un modelo social que englobaba al campesinado, a los terratenientes y a la corte real con el zar a la cabeza, que seguía siendo la realidad política y económica de la época zarista. La expansión capitalista, la aparición de importantes centros industriales y financieros, los cuales llegaban a lejanos rincones del imperio y prometían transformar tanto la economía como la sociedad carecían de suficiente amplitud y calado.

La revolución y la guerra civil destruyeron el viejo sistema y crearon un tipo diferente de estado. Pero esta parte la veremos el próximo día. Un saludo desde Academia Cruellas.

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La sublevación del Potemkin

Este es el nombre que recibió el motín del acorazado Potemkin dentro de los hechos de la revolución rusa de 1905. Simultáneamente a una gran huelga que afectó al Sudoeste de Rusia. se sublevó la tripulación del acorazado en aguas del mar Negro, a causa de la deficiente alimentación, y acto seguido el buque se dirigió a Odesa.

La sublevación respondía a un proyecto de rebelión naval más extenso, que no llegó a cristalizar en el resto de la escuadra. En consecuencia el Potemkin, falto de objetivos concretos, se entregó a las autoridades rumanas en el puerto de Constanza (8 de julio). Pero, pese a su fracaso, la rebelión motivó que el zar contemporizara con los dirigentes liberales más moderados.

Oprichinna

Durante el reinado de Iván IV en Rusia, recibió este nombre el distrito administrativo correspondiente a las regiones centrales y más ricas del país. Este distrito lo dirigía personalmente el zar. Fue creado en 1565 y su vigilancia estuvo encomendada a una guardia especial con el mismo nombre. Los otros territorios de Moscovia, denominados zemschina, estaban bajo la administración de la Duma de los boyados. Esta reforma fue acompañada de numerosas confiscaciones que debilitaron el poder de la nobleza.

El arte de propaganda soviético

Desde sus inicios el arte de propaganda estuvo unido a la revolución. No se constituyó al margen, sino que fue la tendencia principal de todo el arte soviético durante el período revolucionario. Fue un arte que influyó en el desarrollo de las artes en general. Pretendió estar ligado a la sociedad y su objetivo primordial fue “construir la nueva sociedad”. Fijaros que tuvo un papel fundamental en la elaboración de un nuevo modo de vida, en la educación y en la instrucción de las masas populares, así como la puesta en juicio de las antiguas formas de ver y sentir. Por eso el arte de propaganda soviético de la época revolucionaria podríamos decir que pertenece más al mundo de la ética que de la estética.
Existía en Rusia, en el siglo XIX, la idea de que el artista era un “maestro de vida”, un promotor de las ideas generales sobre el mundo y al mismo tiempo era la persona que marcaba las tomas de posición morales en determinados temas. En la época revolucionaria el arte aumentó su capacidad ideológica y educativa y se convirtió en un medio de lucha política e ideológica, un instrumento de propaganda y de construcción de la nueva vida.
La revolución de octubre llevó a cabo una democratización de la cultura. Surgió un arte dirigido a toda la población, incluyendo a las grandes masas populares.
Al mismo tiempo, esta democratización de la cultura, tuvo sus consecuencias como fue un esquematismo ideológico y artístico, y por otro lado, el recurso a los géneros de masas como el cartel publicitario, la decoración, el teatro, etc. Ahora bien, hay diferencias muy importantes entre el arte revolucionario de propaganda y la cultura de masas de las sociedades actuales. Sus objetivos son radicalmente diferentes. El arte revolucionario de propaganda se opone al consumo. No busca halagar a las masas, no juega con el espectador ni trata de impresionarlo. Al contrario, busca un contacto activo y eficaz hacia quien se dirige, con el único fin de movilizar al espectador. Gracias a este arte de propaganda mucha gente tomó conciencia de la revolución que se había iniciado.

Por otro lado, los monumentos zaristas fueron eliminados, sus emblemas demolidos. Se rebautizaron  ciudades, calles, barcos, etc. Al mismo tiempo empezó a surgir un nuevo tipo de monumento: la necrópolis revolucionaria, que se instaló en el centro de las ciudades. Allí es donde se pretendía eregir los monumentos dotados de una función social bien determinada.

Este arte monumental tomó sus ideas de la revolución, si bien durante los primeros momentos de la revolución el comisario Lunatcharski, propuso un programa más modesto: quería dirigir el esfuerzo hacia las artes aplicadas y dar a conocer a las masas populares las obras de arte y los monumentos ya existentes. Pero era irremediable que se volviese hacia el arte monumental. Por eso Lenin a principios de 1918, formuló la idea de propaganda por el arte monumental.