Crítica de Nietzsche a la tradición occidental

Buenos días desde Academia Cruellas. Hoy centramos nuestra mirada en Nietzsche. El objeto de su crítica nos lo desvela el propio Nietzsche en el prólogo a su libro Más allá del bien y del mal, es decir, la filosofía dogmática, entendida por tal el platonismo. Platón, a juicio de Nietzsche, vino a instaurar el error dogmático más duradero y peligroso: El “espíritu puro” y el “bien en sí”. Esto ha significado la negación total de lo que Nietzsche creyó que era la “verdad” del Ser. El platonismo significa poner cabeza abajo el perspectivismo, que es la condición fundamental de toda vida. Por tanto, al pie de la crítica se clarifica, frente al platonismo, la propia ontología de Nietzsche junto con el “error” ontológico que alimenta esa filosofía “dogmática”.

En sucesivos días, y siguiendo a Nietzsche, veremos tres directrices dentro de esta crítica: la crítica a la moral, la crítica a la metafísica tradicional, en su aspecto ontológico y epistemológico, y la crítica a las ciencias positivas.

Cuando el gran pensador

“Cuando el gran pensador desprecia a los hombres desprecia su pereza, toda vez que precisamente por ella parecen mercancías hechas en serie, seres indiferentes, indignos de ser tratados y educados. El hombre que no quiere pertenecer a la masa, sólo necesita dejar de comportarse cómodamente consigo mismo y obedecer a su conciencia que le grita:”Sé tu mismo”. Cuanto ahora haces, opinas y deseas nada tiene que ver contigo.

Toda alma joven escucha esta llamada día y noche y tiembla, porque presiente la cantidad de felicidad que le ha sido deparada desde la eternidad, porque piensa en su verdadera liberación: una dicha que jamás alcanzará mientras permanezca encadenada a las opiniones y al temor. ¡ Y cuán desesperada y carente de sentido puede llegar a ser la vida sin esta liberación!
No hay, en toda naturaleza, criatura más triste y repugnante que el hombre que ha despertado de su genio, y que mira a derecha e izquierda, detrás de él y en todas las direcciones”

NIETZSCHE, F.: Schopenhauer como educador

El discurso de Zaratrusta

El primer discurso de Zaratrusta (Así habló Zaratrusta de Nietzsche) expone tres “metamorfosis” del espíritu: cómo el espíritu se convierte en camello, cómo el camello se convierte en león y cómo el león se convierte en niño. El camello simboliza a los que se contentan con obedecer ciegamente; sólo tienen que arrodillarse y recibir la carga, soportar las obligaciones sociales, obedecer sin más a los valores que se presentan como creencias. El camello que quiere ser más se transforma en león, es decir, en el gran negador; simboliza al nihilista que rechaza todos los valores tradicionales. Pero también el león tiene necesidad de transformarse en niño, superar su autosuficiencia para poder vivir libre de prejuicios y crear una nueva tabla de valores. La moral del hombre superior propone una revuelta contra la degeneración de la humanidad que resulta del hecho de que el cristianismo ha domesticado al hombre para convertirlo en un animal aprisionado. La nueva moral pretende estar al servicio del superhombre, al servicio de la “recuperación” de los instintos vitales del hombre; es decir, transformar al hombre que, domesticado por el cristianismo, se ha convertido en mezquino, mediocre, prudente, servil, indiferente, perezoso, dócil, olvidando su verdadera esencia existencial: su Voluntad de Poder.

La madrasta candorosa de la pérfida Blancanieves

Es interesante algunas veces cambiar los papeles y las actitudes de algunos de los cuentos fábulas más famosos. Hace algunos años leí un cuento al revés de J.Luis García Sanchez. Era el cuento de Blancanieves, donde la malvada es Blancanieves y la madrastra es una persona cándida. Fijaros que todo esto tiene que ver con la “transmutación de los valores”, propuesta por Nietzsche. De la negación de esta moral que ha ido surgiendo a lo largo de la historia surge la transmutación de los nuevos valores. Suprimido el transmundo queda el espacio vacío que ha dejado Dios.
A continuación copio un extracto del cuento de Blancanieves al revés.
“¡Caracoles con la pequeña Blancanieves!
¡Caracoles y cáspita y carambola y canastos! Hallábame yo realizando mis faenas de hermosura personal en el tocador de palacio (….) cuando veo en el espejo a mi querida Blancanieves. Miréla, sonrióme y díjome algo que no entendí, una palabra que al principio pensé que podía ser algo así como “primorosa”, “maravillosa”, “hermosa”.
Acerqué a su boquita mi real oreja y oí la palabra que voy a escribir ahora con cierto repeluzno. ASQUEROSA. Eso fue lo que llamó a su segunda mamá.
Airada y con rubor, ordené que dejara el tocador. Pero ella, desvergonzada, se reía como si nada.
(…) Querido diario: os tengo muy abandonado últimamente. Mis deberes de reina me reclaman y apenas dispongo de tiempo para dedicaros. Además, estoy algo nerviosa.
Pero no es para menos: mi hijastra nos tiene desquiciados. A su padre y a mí. A su padre porque es una chivata, acusadora, mentirosa, soplona y delatora y está todo el día con que si yo he dicho o he dejado de decir…….
Es murmuradora, calumniadora y malediciente. Es egoísta y mentirosa. Tiene una lengua de serpiente. Y miente” (J. Luis García)