Si…….. de Rudyard Kipling

Si puedes mantener

la cabeza en su sitio

cuando todos la pierden

-y te culpan por ello-;psi confías en ti

cuando los otros desconfían

-y les das la razón-;

si puedes esperar sin cansarte,

si no mientes

cuando te vienen con mentiras

ni odias a los que te odian y aún así,

no te las das de santo ni de sabio;

si sueñas, sin llegar

a ser esclavo de tus sueños;

si piensas,

pero no te conformas con pensar;

si te enfrentas al Triunfo y al Desastre

y das el mismo trato

a esos dos impostores;

si soportas que tuerzan tus palabras

para embaucar con ellas a los tontos;

si se rompen las cosas

a las que has dedicado tu existencia

y te agachas a rehacerlas;

si juntas todas tus ganancias para

jugártelas a cara o cruz, y pierdes,

y vuelves a empezar de nuevo,

una vez más,

sin mencionar siquiera lo perdido;

y si tu corazón,

tus músculos, tus nervios

cumplen incluso cuando ya no son

lo que eran, y resistes

cuando ya no te queda

sino la voluntad de resistir;

si hablas con multitudes

sin perder la honradez

y paseas con reyes

sin perder la humildad;

si no pueden hacerte

daño tus enemigos

-tampoco tus amigos-

y todo el mundo cuenta contigo

-no en exceso-;

si no desaprovechas

ni un segundo de cada

minuto de carrera,

la tierra y cuanto en ella existe

es para ti;

serás, en fin, lo que se dice un hombre.

 

Anuncios

La conducta humana

“El concepto del hombre que surge de la teoría freudiana es la acusación más irrefutable contra la civilización occidental -y al mismo tiempo, es la más firme defensa de esta civilización-. De acuerdo con Freud, la historia del hombre es la historia de su represión. La cultura restringe no sólo su existencia social, sino también la biológica, no sólo partes del ser humano, sino su estructura instintiva en sí misma. Sin embargo, tal restricción es la premonición esencial del progreso. Dejados en libertad para perseguir sus objetivos naturales, los instintos básicos del hombre serían incompatibles con toda asociación y preservación duradera: destruirían inclusive lo que unen. El Eros incontrolado es tan fatal como su mortal contrapartida: el instinto de la muerte. Sus fuerzas destructivas provienen de hecho de que aspira a una satisfacción que la cultura no puede permitir: la gratificación como tal, como un fin en sí misma, en cualquier momento. Por tanto, los instintos deben ser desviados de su meta, inhibidos en sus miras. La civilización empieza cuando el objetivo primario -o sea, la satisfacción integral de las necesidades- es efectivamente abandonado.”

HERBERT MARCUSE: “Eros y civilización”

El psicoanálisis de Freud insistió en el principio de placer, en la búsqueda del placer como motivación fundamental de la existencia humana, aunque ésta entraba posteriormente en conflicto con las limitaciones de nuestras posibilidades placenteras, que dibujan el principio de la realidad. A este impulso de placer corresponde la idea freudiana de la libido como energía básica determinante de nuestro comportamiento. Sin embargo, Freud descubrió que el comportamiento humano es mucho más complejo y en cierta medida irracional, teniendo que inscribir la tendencia de muerte, el instinto fanático, el impulso de destrucción, entre las pulsaciones o las fuerzas fundamentales que gobiernan el comportamiento.

El intento global de deducir nuestra conducta a través de algunas pulmones primarias ha dado lugar a una serie de sistemas antropológicos. Adler, discípulo de Freud, pretendió sustituir la líbido freudiana por la voluntad de poder del hombre, desplazando el centro motivador básico de nuestro comportamiento desde la biología de lo placentero hacia el mundo de la sociabilidad.

Posteriormente hubo un amplio movimiento que ha trascendido los intereses de comprensión de nuestra conducta por determinismo biológicos, hacia una visión más personalista del desarrollo de nuestra vida. Esta se encontraría guiada por una voluntad de realización personal, al menos en los casos óptimos, en los momentos en que podemos hablar de una existencia auténticamente humana. Tanto Erich Fromm como Carl R. Rogers se encontrarían en esta línea, cuya dinámica pues preludiada en algunos aspectos por Carl G. Jung. A la imagen hedonista y agresiva que domina en las ideas freudianas se contrapone una concepción del ser humano, que se encuentra a sí mismo en las tareas creativa, en la cooperación con sus iguales, en el amor. Esta visión optimista no resultaría mantenible sin una crítica de nuestra historia y de la sociedad actual.

EL HOMBRE UN SER SOCIAL

Desde que llegamos a este mundo, el hombre es un ser social. No nacemos por generación espontánea. Como engendrados por medio de unas relaciones (generalmente afectivas) entre dos personas de diferente sexo. Además, estos suelen estar inscritos en marcos de referencia más amplios. Por tanto, no nacemos primero para después entrar en la sociedad; somos desde el nacimiento un ser constitutivamente social. Ello se refleja de muchas formas en la vida.

Lo primero en la experiencia del niño es la presencia de la madre, su alter absoluto, su “allí” desde el cual y sólo desde el cual todo comienza a explicarse y a adquirir sentido. Ella, aunque no lo desee, suplanta absolutamente la propia personalidad del recién nacido.

Más tarde, la madre va dejando de ser el centro desde el que el niño vive, para ser un allí-yo. El niño va creando su propio yo.

En un tercer momento, el niño se hace adulto. Entonces se sacude el yugo materno, y es un yo-aquí, un ser autónomo y autoconsciente.

Sin embargo, aún falta un nuevo paso para que el yo sea un yo real: alargarse en el nosotros. No sólo en su origen el ser humano está relegado a los otros, sino que en su fin tampoco puede prescindir de los demás. Y ello de un modo tan distinto al animal, que no se trata de que exista un yo y a su lado otros yo simplemente juntos físicamente (así sucede en el rebaño), sino de que mi yo no puede llegar a ser mi yo sin el nosotros, pues ni siquiera es posible que el hombre se conozca a sí mismo y pueda dar razón seria de sí mismo sin el reconocimiento paralelo y simultáneo del yo en el tú y del tú en el yo. La percepción del tú es también una forma de autoconsciencia, y la conciencia del yo es sin duda una autoconsciencia recognoscitiva en el tú, siendo a la vez el yo y el tú imposibles sin la conciencia del nosotros.

Si detrás de cada hombre no hay un entrelazado diabólico con los demás hombres y la sociedad entera, no hay más que el “buen salvaje”. Esto no impide que el hombre pueda retirarse temporalmente para meditar sobre su yo, para pensar sobre el sentido de su convivencia y su sociabilidad: es necesario saber entrar en soledad, en la soledad del diálogo con el mundo del que procedemos, para saber darse nuevamente al mundo. La persona es un dentro que necesita un fuera, un fuera que necesita un dentro.

Un saludo desde Academia Cruellas

La curiosidad exploradora del ser humano

Como sabemos, el hombre es un animal no especializado. Carecemos de órganos especializados en la defensa o el ataque (colmillos, garras, etc), de protección especial contra el frío (pieles, grasa,..), de musculatura especializada en las largas carreras o en el ataque rapidísimo. Por eso, nos hemos visto obligados a suplementar nuestro equipamiento original con armas, ropas, etc. Por otro lado, los hombres carecemos de pautas fijas de conducta, de instintos precisos. Nuestras pautas de conducta son en gran parte plásticas y modificables.

Esta falta de especialización, lejos de ser un inconveniente desde el punto de vista biológico, nos ha proporcionado una gran ventaja. El hombre se ha hecho “especialista de la no especialización”. Por eso, podemos adaptarnos a cualquier medio. El hombre es polifacético. Pero lo más importante de este polifacetismo es que proporciona un polifacetismo del comportamiento. Mientras los animales muy especializados cuentan con un sistema nervioso igualmente especializado, los animales no especializados, como el hombre, cuentan con pocos instintos y muy poco especializados, pero que se pueden aplicar de una forma más general.

La falta de especialización en el comportamiento nos lleva al aprendizaje explorador. Por medio de la observación de todo lo nuevo, el animal va descubriendo que objetos son adecuados para la realización de sus instintos y cuáles no. Necesita aprender que es comestible y que no. La característica más importante del comportamiento impulsado por la curiosidad es la objetividad, el interés por el objeto mismo. Las propiedades del objeto que el animal percibe en su exploración son archivadas, para su uso futuro. Otra característica es que el animal entra en una especie de diálogo con la realidad exterior. Cuando un animal no especializado curiosea un objeto nuevo, lo hace para conocer algo, lo que equivale ya a una pregunta implícita.