Doctrinas filosóficas sobre el principio de causalidad

Doctrinas filosóficas sobre el principio de causalidad

Analizamos las diferentes interpretaciones que tiene el principio de causalidad. 

Anuncios

Orígenes de la patrística

El cristianismo se enfrentó a las críticas provenientes de las escuelas filosóficas en vigor. Entre ellas podemos mencionar, además del escepticismo, epicureísmo, y estoicismo, el neoplatonismo fundado por Plotino. Pero además tuvo que enfrentarse a la crítica de otras religiones como el judaísmo, el arrianismo, etc.
En medio de todo ello el cristianismo tuvo que abordar la tarea de conformar un dogma sólido, utilizando como fuente las escrituras y como medio la filosofía griega. Esta tarea recibe el nombre de patrística que fue llevada a cabo por los llamados padres de la Iglesia. En el siguiente podcast, desarrollamos un poco más dicho tema.

La dialéctica de Kierkegaard

Sören Kierkegaard nace en Copenhague en 1813 y muere en la misma ciudad en 1845. Llevo a cabo estudios de Teología, pero nunca llegó a ejercer la profesión de pastor, para la que se había preparado. En 1841-42 oyó en Berlin las clases de Schelling. Su entusiasmo por el idealismo alemán se enfrió pronto. Vuelto a Copenhague, allí vivió siempre dedicado a escribir y pendiente de sus libros y publicaciones. Kierkegaard pasa por ser el precursor del llamado existencialismo. Y esa afirmación es cierta si lo entendemos mas por su talante personal que por lo que se refiere estrictamente a sus ideas.
En el podcast de hoy nos centramos en la dialéctica.

Pascal

Pascal intenta mostrar como la revelación cristiana resuelve los problemas resultantes de la situación humana. Por ello, muchas veces Pascal ha sido catalogado más como apologista que como filósofo.
Pascal nació en 1623, era hijo de un representante del rey en Clermont. En 1654 sufrió la experiencia espiritual, y ello le dirigió su mirada hacia temas teológicos.

En el siguiente podcast analizamos el pensamiento de Pascal.

Alfred Julius Ayer

Ayer representa, dentro de la filosofía analítica, la corriente denominada emotivismo. En su obra Lenguaje, verdad y lógica (1936) establece el criterio de significación de todo enunciado: la posibilidad de su verificación; es decir, todo concepto para ser significativo ha de tener un referente empírico, ha de responder a una realidad comprobable por la experiencia.
Ahora bien, ningún juicio ético expresa un juiciko de hecho, una realidad verificable. Propiedades tales como “bueno”, “deber”, etc, nada describen a no ser emociones, sentimientos, sel sujeto hablante. Los juicios de valor no son enunciados significativos, susceptibles de verdad o falsedad, puesto que no tienen ningún fundamento objetivo y empírico, verificable mediante la experiencia sensible. No son, pues, conceptos, sino “pseudoconceptos”. Los predicados que intervienen en los juicios de valor no constituyen propiamente predicados, puesto que no representan cualidades de las cosas que puedan ser captadas por los sentidos. Los términos éticos tienen simplemente una carga emotiva, con la función de expresar y suscitar sentimientos e incitar a la acción. No pueden, por tanto, ser objeto de una teoría del conocimiento, sino sólo de una psicología, de una antropología o de una sociología.

“Comenzamos por admitir que los conceptos éticos fundamentales no son analizables, ya que no existe ningún criterio mediante el cual se pueda poner a prueba la validez de los juicios en que aquéllos figuran. Hasta este punto estamos de acuerdo con los absolutistas. Pero, a diferencia de los absolutistas, nosotros podemos dar una explicación de este hecho que concierne a los conceptos éticos. Decimos que la razón por la cual no son analizables es que son meros pseudo-conceptos. La presencia de un símbolo ético en una proposición no agrega nada a su contenido fáctico. Por lo tanto, si yo digo a alguien “usted ha obrado mal al robar ese dinero”, no afirmo más de lo que habría afirmado diciendo sencillamente :”Usted robó ese dinero”. Al agregar que esa acción es mala no hago ninguna nueva aserción a su respecto; manifiesto, simplemente, mi desaprobación moral por ella. Es como si yo hubiera dicho:”Usted robó ese dinero”, con un particular tono de horror, o lo hubiera escrito agregándole algún signo de exclamación especial. El tono, o el signo de exclamación, no agregan nada al sentido literal de la sentencia. Sirve tan sólo para mostrar la presencia de ciertos sentimientos en quien la exprese.

Si ahora generalizo mi enunciado anterior y digo “Robar dinero es malo”, formulo una sentencia que no tiene sentido fáctico, es decir, que no expresa ninguna proposición susceptible de ser verdadera o false. Es como si hubiera escrito “”¡¡Robar dinero!!”, donde la forma y el número de los signos de exclamación muestran, gracias a una convención adecuada, que el sentimiento que se está expresando es una forma especial de desaprobación moral. Claramente se ve que aquí no se dice nada que pueda ser verdadero o falso. Otra persona puede no estar de acuerdo conmigo sobre lo malo de robar, en el sentido de que tal vez no tenga los mismos sentimientos que yo acerca del robo, y quizá discuta conmigo a causa de mis sentimientos morales. Pero, estrictamente hablando, no puede contradecirme: al decir que cierta especie de acción es moralmente buena o mal no formulo ninguna afirmación fáctica, ni siquiera una afirmación sobre mi propio estado de espíritu. No hago sino expresar determinados sentimientos morales. Y la persona que aparentemente me contradice está simplemente expresando sus sentimientos morales. De modo que es obvio que no tiene sentido alguno preguntar quién de nosotros está en lo cierto, pues ninguno de nosotros está enunciado una proposición genuina”

A.J.Ayer: Lenguaje, verdad y lógica

Aristóteles

Discípulo de Platón y maestro de Alejandro Magno, nació en Estagira (Tracia) el año 384 a.C. A los dieciocho años se fue a Atenas donde ingresó en la Academia platónica y en ella permaneció durante veinte años, hasta la muerte de Platón. A causa de ésta, Aristóteles abandonó Atenas, donde inicia un período de maduración intelectual y de alejamiento progresivo de la filosofía platónica. El año 355 a.C. vuelve a Atenas y funda allí su propia escuela, el Liceo. Este segundo período de estancia en Atenas, dedicado a la enseñanza e investigación, terminaría a la muerte del que fuera su discípulo, Alejandro Magno. Un año después de abandonar Atenas, moría en la isla de Eubea a los sesenta y dos años de edad (322 a.C.).
Se conservan algunos fragmentos de sus escritos de juventud (diálogos de contenido y estilo platónicos) así como un número considerable de tratados completos cuyo conjunto se denomina Corpus aristotelicum. Los tratados más importantes están dedicados a cuestiones de lógica, de filosofía de la naturaleza y biología, de ética (Ética a Nicómaco) y de política. De máximo interés es su trabajo sobre Metafísica.

PLOTINO

Plotino tuvo un prestigio muy grande. A sus lecciones asistieron políticos romanos muy importantes. El emperador Galieno y su esposa Solonina lo tuvieron en un gran aprecio hasta el punto de que consideraron el proyecto de fundar en Campania, al sur de Roma, una ciudad de filósofos. El proyecto en cuestión fracaso debido fundamentalmente a las intrigas cortesanas. Pero, ¿cuál es la aportación fundamental de Plotino? Plotino lleva a cabo una nueva fundamentación de la metafísica que es muy diferente a la de Platón y Aristóteles. Para Plotino todo ente lo es en virtud de su unidad. Si esta desaparece, desaparece también el ente. Hay diferentes principios de unidad en diferentes planos, pero todos suponen un supremo principio de unidad, que Plotino llama “Uno”. Fijaros que Platón ya había colocado al Uno en el vértice del mundo ideal, pero era algo ilimitado y limitante. En cambio, Plotino concibe al Uno como infinito. Era la primera vez que se hablaba de ello, bueno no, los naturalistas ya habían hablado de un principio infinito, pero lo habían dotado de dimensiones físicas. ¿Dónde descubre Plotino el caracter de infinito? Plotino lo descubre en la dimensión de lo inmaterial y lo describe como ilimitada potencia productora. Plotino coloca al Uno por encima del ser y de la inteligencia.

En Platón ya podemos vislumbrar esta concepción del Uno-Bien por encima del ser y de la inteligencia, ahora bien, esta distinción radical solamente la hallamos en Plotino y consiste en la infinitud del Uno. Al mismo tiempo, Plotino lo que hace es darnos descripciones negativas del Uno, ya que como es infinito no se le puede dar ninguna determinación de lo finito. Así, el Uno es “inefable (…) puesto que cualquiera que sea la palabra que pronuncies, siempre habrás expresado algo. A pesar de ello, la expresión “más allá de todo” (…) es la única que entre todas responde a la verdad”. ¿Qué significa el término Uno? No significa un uno en particular ni un uno matemático, sino el Uno en sí, es decir, la razón de ser de toda la unidad, lo que es razón de ser de lo complejo y de lo múltiple. Esta simplicidad, en cuanto es principio, no es pobreza, sino potencia de todas las cosas, riqueza infinita. Otro término que utiliza Plotino es el de “Bien”, y por lo tanto, no es un bien particular, sino el Bien en sí, lo que está bien para todas las cosas que tienen necesidad de él. Es el Bien trascendente.

El Uno no significa que sea no-ser, no-pensamiento, no-vida, sino totalmente al revés, es Super-ser, Super-pensamiento, Super-vida. El Uno absoluto es causa de todo lo demás. Ahora bien, Plotino se formula una pregunta muy original:¿Por qué hay lo Absoluto y por qué es lo que es? Fijaros que ningún filósofo griego había llegado a formular esta pregunta. ¿Cuál es la respuesta de Plotino? El Uno se “autopone”, es “actividad autoproductora” es el “Bien que se crea a sí mismo”. Es decir, el Uno es causa de sí mismo, es lo que existe en sí y por sí, es “el que se trasciende a sí mismo”.