El desafio político de la inmigración para la Unión Europea

Buenos días desde Academia Cruellas. Hoy vamos a esbozar una de los grandes temas a los cuales nos enfrentamos en Europa . Este es la aceptación e integración de los trabajadores inmigrados y de los refugiados políticos y sus familias, especialmente los procedentes de otros continentes y culturas. El desafío es agudo porque contradice muchas de las suposiciones y expectativas acerca de la inmigración que han compartido las élites políticas y la población en general. También pone en tela de juicio las nociones vigentes en la Unión Europea sobre la ciudadanía y la pertenencia a una comunidad nacional.

Antes de la segunda guerra mundial la inmigración a Europa Occidental se había producido en una escala relativamente reducida. Los inmigrantes llegaban de países vecinos, cuyas bases culturales y étnicas tenían afinidades con la de los países de acogida. Se daba por supuesto que los inmigrantes se integrarían adaptándose a los usos y condiciones de los países receptores y se asimilarían a la población nativa.

Las migraciones de unos países europeos durante la guerra e inmediatamente después se produjeron en una escala masiva, pero el desafío que representaron para los estados europeos fue económico más que político. Los problemas consistían en proporcionar alimentos, alojamiento y trabajo a personas que a menudo eran compatriotas o gentes de países aliados desplazados por la guerra y los consiguientes cambios fronterizos y expulsiones. La reconstrucción europea y la recuperación económica de Europa permitió que estas gentes se vieran gradualmente integradas en los aspectos social, económico y político.

La llegada a Europa de refugiados políticos, el caso de Siria, y de trabajadores inmigrantes ha sido un fenómeno masivo y a la vez sin precedentes. Además, si bien estos trabajadores inmigrantes y refugiados desean permanecer y trabajar en los estados europeos por un periodo considerable de sus vidas, no es seguro que quieran abandonar su identidad nacional, sus peculiaridades culturales y su ciudadanía de origen.

 

Los procesos de integración e incorporación tal vez sean inexorables e irresistibles a largo plazo, pero los obstáculos culturales, psicológicos, religiosos y políticos son muy considerables a corto y medio plazo, y de difícil solución.

la crisis del Imperio chino

Buenos días desde Academia Cruellas. Hoy vamos a comentar la crisis del Imperio chino a principios del siglo XIX. Como toda crisis esta también fue una muestra de la debilidad que empezaba a mostrar China desde el punto de vista administrativo, económico y militar. De las más de mil quinientas circunscripciones administrativas que gozaba China, la mayoría de las veces no había más que un sólo funcionario. De esta forma, todos los asuntos administrativos caían inevitablemente en manos de un personal subalterno carente de cualquier titulación, pagado por el jefe del lugar  y que imponían a los sometidos todo tipo de exacciones. En el otro lado del aparato administrativo, en la cúspide de la jerarquía, el emperador y sus auxiliares inmediatos del Gran Consejo interferían a menudo con decisiones tomadas en secreto y arbitrariamente en la marcha de los asuntos político-administrativos, con lo cual destruían la coordinación de la maquinaria gubernamental.

La administración de la hacienda del estado estaba muy atrasada. No sólo carecía de presupuesto, sino que tampoco existía una caja central que agrupara los fondos públicos. Cada servicio administrativo tenía su propia tesorería. Por otro lado, las provincias ocultaban en lo posible el importe exacto de sus ingresos reales, que podían ser tres o cuatro veces más elevados de lo que declaraban. El embrollo de las cuentas públicas era tan impenetrable a las verificaciones, que no se podía poner verdaderamente freno a las malversaciones de todo tipo.

Ante esta situación, el estado imperial recurrió a soluciones desastrosas. Redujo sus gastos, por ejemplo, no pagando a sus funcionarios, lo que convirtió la corrupción en una necesidad. Intentó obtener nuevos ingresos extendiendo la venta de cargos públicos. Teniendo en cuenta que los compradores de un cargo público, una vez tenido éste buscaban reembolsar los gastos que habían realizado y, dado que como funcionarios estaban muy mal pagados, la corrupción aumentaba. De esta forma, se puede explicar que durante el reinado del emperador Renzong (1796-1820), los intendentes encargados del control hidráulico del río Amarillo que habían comprado su cargo, dejaran deliberadamente que se produjeran inundaciones.

Finalmente, el ejército había perdido toda eficacia. A partir de 1850, las autoridades locales empezaron a crear milicias de voluntarios que suplieran a los debilitados ejércitos nacionales. A finales de siglo, a partir de estas milicias China trataría de dotarse de un ejército nuevo y moderno; no obstante este nuevo ejército mantendría el perfil de una pluralidad de cuerpos en los que el sentimiento de fidelidad personal a sus jefes era mucho más fuerte que el de estar al servicio del país. Estos cuerpos se disolverían en la anarquía en el siglo siguiente, en la época de las disensiones de los “señores de la guerra”.

Los espectáculos en Roma

Los espectáculos romanos tienen en su origen conmemorar las festividades de los dioses. Pero al final de la República, este ya no es su fin. Los espectáculos se convirtieron en la forma más eficaz de ganarse los favores del pueblo, y los emperadores, sabedores de todo ello, recurrían a ellos para tener al pueblo tranquilo. Los emperadores romanos sabían tan bien como Luis XIV  que la admiración es uno de los mejores caminos para conseguir que los pueblos se entreguen por entero a la voluntad de sus gobernantes. Hasta Caligula tenía el respeto y el amor del pueblo. Cuando murió lo lloraron con entusiasmo. Los repartos de carne, los espectáculos y los combates de gladiadores, organizados por él fueron impresionantes. En cuanto a Nerón, su recuerdo siguió viviendo entre el pueblo, que no se dio crédito a la noticia de su muerte y, treinta años después, aún había quienes esperaban que retornase.

Ahora bien, llegó un momento en que los espectáculos no dependían ya del emperador de turno. Se convirtieron en una necesidad de la Roma imperial. Entre la población de la capital había mucha gente que no poseía nada. El gobierno velaba por su sustento mediante los grandes repartos periódicos de trigo, y esto traía como consecuencia que tenían que ofrecer distracciones para entretener a la gente. Este entretenimiento se lo ofrecían los espectáculos públicos. Las conocidas palabras -panem et circenses- en las que Juvenal resume el ideal a que habían quedado reducidas las aspiraciones de un pueblo, no eran más que un dicho que circulaba por Roma. Parece ser que esta frase empezó aplicándose a los habitantes de Alejandría. El primero que aplicó esta frase a Roma, fue probablemente Trajano. Pronto el pan y los juegos dejaron de ser, en la capital, una gracia del gobierno para convertirse prácticamente en un derecho del pueblo. Cada nuevo emperador que subía al trono se veía obligado, quisiera o no, a asumir la herencia que le legaban sus antecesores. Por eso en cuanto al esplendor y la grandiosidad de estas fiestas rivalizaban por igual todos los monarcas, los buenos y los malos.

Los espectáculos públicos adquirieron también nueva importancia bajo el imperio en el sentido de que daban al pueblo la posibilidad de congregarse en masa y exteriorizar en voz alta ante el emperador sus sentimientos, sus odios, sus miedos, sus inclinaciones, sus deseos, sus súplicas y sus quejas, manifestaciones que allí eran recibidas con tolerancia poco usual fuera del circo o del teatro.

Los procesos de Moscú, ¿supusieron algún cambio en la conciencia del mundo obrero?

De 1930 a 1934, la URSS vivió cuatro años terribles. Pero logró sobrevivir y salió de la pesadilla. Los campesinos tienen menos presión. Se pone fin al racionamiento y se consolidan los progresos de la industria pesada. La ambición comunista de transformar el mundo parece encontrar su justificación en este cambio de ciclo. A partir de 1935, el plan quinquenal ya no tiene como objetivo fundamental la construcción de altos hornos, fundiciones y presas, sino que prevé también la producción de bienes de consumo. La grandiosa construcción del metro de Moscú, con sus mármoles y esculturas, parece ser el símbolo de este cambio.

A estos índices de empuje material se unen ciertas muestras de distensión. Algunas iglesias vuelven a abrir sus puertas. Son abolidas algunas medidas contra personas de origen burgués o noble. Los campesinos ricos, los kulkas deportados durante la época de la colectivización, son amnistiados después de años de trabajo “correctivo”. Este optimismo también se refleja con el anuncio de una nueva Constitución que terminará con las medidas de discriminación en materia electoral, al instaurar el sufragio universal, indiscriminado, directo y secreto.

Sin embargo, pronto se impondrá una imagen muy diferente: el 14 de agosto, un comunicado oficial anuncia el comienzo de lo que será la era de los “procesos de Moscú”. En agosto de 1936, en enero de 1937, en marzo de 1938, van a tener lugar en público idénticas escenas ante el colegio militar de la Corte Suprema de la URSS; acusados que habían sido compañeros y colaboradores de Lenin, dirigentes revolucionarios mundialmente conocidos, se acusan de los peores crímenes, se proclaman asesinos, saboteadores, traidores y espías; todos afirman su odio hacia Trotsky y todos cantan alabanzas de Stalin, el jefe que “guía al país con mano firme”.

De un proceso a otro, la gente parece acostumbrarse a lo inverosímil e incluso a lo sórdido, renuncia a hacerse preguntas y a veces a comprender. Los procesos no provocan ninguna crisis de conciencia en el movimiento obrero. Será necesaria la crisis del mundo estalinista de la postguerra, el conflicto con Yugoslavia, los grandes procesos de Budapest, Sofia y Praga, para sacudir de nuevo las conciencias, plantear interrogantes y desenterrar el cadáver de los procesos de Moscú.

El socialismo en la sociedad postindustrial

Los movimientos socialistas del siglo XIX y XX se desarrollaron a partir de la lucha contra la explotación y la opresión de los trabajadores, pero también contra las concepciones de la burguesía dominante. Este movimiento socialista contenía dos principios. Estaba la voluntad de dirección por parte de una clase trabajadora cualificada. Pero al mismo tiempo esta clase social estaba decidida a arrebatar el poder a la burguesía, a los que consideraban explotadores, para de esta forma situar las fuerzas productivas al servicio de la emancipación de los trabajadores. Y por otro lado, estaba la resistencia de un proletariado de mujeres, niños y hombres no emancipados y oprimidos que trabajaban en talleres y fábricas a cambio de salarios de miseria y tenían que luchas por sus derechos políticos. Estos trabajadores solo podían conseguir sus objetivos si llegaban a un acuerdo con los trabajadores cualificados.

El movimiento de los trabajadores socialistas nació como la negación positiva del desarrollo capitalista, por lo tanto, el movimiento obrero quería poner límites a la racionalidad económica y, en último término, a colocarla al servicio de una sociedad humana. El conflicto central en el movimiento socialista gira en torno a roque se permite o no a la racionalidad económica evolucionar libremente en las relaciones comerciales mercantiles. El conflicto central acerca de la extensión y límites de la racionalidad económica no ha perdido nada de su fuerza y significación histórica. Para los trabajadores modernos la conciencia socialista y la crítica del capitalismo no tienen normalmente ninguna conexión directa ni derivan de la experiencia del trabajo vivido. Por lo tanto el sujeto de un proyecto socialista de sociedad ya no se desarrolla en la relación capitalista de producción en tanto que conciencia de clase del trabajador como tal sino como ciudadano trabajador, que por ejemplo en su ciudad, se ve privado de su mundo de vida social y natural debido a las consecuencias del desarrollo capitalista. ¿Cuál es el futuro de los movimientos socialistas?

Osip Mandelsthan

Tengo entre manos el libro de Poesías de Osip Mandelstham. Miro una fotografía del joven Osip y veo a un poeta de origen judío que estuvo proscrito en la larga lista de personas peligrosas para la sociedad rusa. Veamos algunos de sus poemas.

“¡Oh cielo, cielo, me serás soñado!

No es posible que quedases sin vista

Y ardiese el día como un folio en blanco:

¡Algo de humo, algo de cenizas!”  (1911)

“Cauteloso y sordo sonar

La fruta de un árbol caída

Entre la tierna melodía

Del bosque en su abrupto callar” (1908)

“Ayúdame, Señor, a pervivir esta noche.

Que yo por mi vida, que es tu esclava, miedo tango.

Vivir en San Petersburgo es en una tumba dormir” (1931)

En 1923 recibió la “primera invitación oficial” para dejar de publicar poemas, y en 1937 el periódico Comuna publica un artículo en el que Mandelshtam figura entre los “trotskistas” y otros enemigos de clase que intentaron infiltrarse en la Unión de escritores. “Me encuentro en la situación de un perro…Soy una sombra. No existo. Solo tengo derecho a morir. A mí y a mi esposa nos instigan a que nos suicidemos..(carta de Mandelshtam a Chukovsky).

En mayo de 1938 arrestan a Osip y en agosto lo condenan a cinco años de trabajo reeducativo en los campos del Gulag por actividad contrarrevolucionaria. A finales de octubre cuando ya estaba en Vladivostok escribe lo siguiente: “Estoy muy débil de salud, totalmente extenuado, he adelgazado y casi no se me puede conocer, pero creo que no tiene sentido enviarme productos y ropa. Intentad, no obstante, hacerlo. Me hielo sin ropa”. Finalizamos con algunos poemas sueltos:

“El poder es tan repugnante como las manos de un barbero”

“…todo el mundo quiere ver a todo el mundo: nacidos, portadores de ruina, aún no muertos”.

“El sentido es vano, las palabras nada más que ruido”.

¿Por qué fracasó el comunismo como sistema de gobierno?

Durante muchos años en occidente la respuesta ha sido las ansias de libertad y en la superioridad económica del capitalismo. Bien, ¿pero son suficientes estas explicaciones? La cuestión es que Occidente se ha mantenido allí donde el comunismo se ha hundido. El autoritarismo ha fracasado porque los regímenes de partido único tampoco han podido definir un interés público trascendente, salvo en términos de su propia continuidad en el poder, y eso era muy poco convincente, incluso para ellos mismo.

La crisis del comunismo solo puede ser entendida en el marco de una perspectiva más amplia de la transformación social y política de las décadas finales del siglo XX. Estos dimensiones económicas han comportado la enorme expansión de los flujos de capital y la interconexión de los mercados financieros, la relocalización de la industria, el crecimiento de los servicios y de las comunicaciones y las migraciones masivas. Sus dimensiones culturales han implicado un nuevo énfasis en el lenguajes como eje matriz de la organización social. Estos desplazamientos en el terreno de las mentalidades y la tecnología han socavado la arquitectura de clases e identidades que estructuraron la vida cívica hasta los años 60 del siglo XX. Han hecho más difícil la agregación política de los intereses en conflicto tanto para los partidos democráticos como para los autoritarios. A la vista de ello, los ajustes de mercado sustituyen al pleno empleo y a la mayor desigualdad como principio regulador de la vida pública en todo Occidente.

Esto no significa que la política autoritaria no pueda tener su retorno. Pero si volviera la dictadura se vería obligada a encontrar un nuevo principio, más allá de la fuerza, para dar satisfacción a las demandas de la sociedad civil. Pero, esperemos que la democracia haya triunfado con la suficiente fuerza como para quedarse durante mucho tiempo.

La idea occidental de Revolución

La idea de Revolución ha sido la idea más potente en Europa así como en el resto del mundo. A día de hoy no podemos saber si este concepto se debilitará algún día, pero hasta la fecha su fuerza sigue aumentando. Regiones cada vez más extensas se han visto afectadas por ella y las aspiraciones revolucionarias han incluido todos los aspectos de la vida pública como privada. En la idea occidental de revolución hay dos componentes que merecen ser destacados. El primero es la creencia en que la justicia y la felicidad reinarán un día en la sociedad, pero que antes de que esto ocurra puede haber un gran cataclismo, y la sociedad puede sufrir grandes trastornos. El segundo es la creencia en que el hombre es hijo de sus propios designios y que, con sus actos, puede -y así lo hará efectivamente- propiciar el advenimiento de una época de justicia y felicidad. ¿Es creíble todavía a día de hoy?