Si…….. de Rudyard Kipling

Si puedes mantener

la cabeza en su sitio

cuando todos la pierden

-y te culpan por ello-;psi confías en ti

cuando los otros desconfían

-y les das la razón-;

si puedes esperar sin cansarte,

si no mientes

cuando te vienen con mentiras

ni odias a los que te odian y aún así,

no te las das de santo ni de sabio;

si sueñas, sin llegar

a ser esclavo de tus sueños;

si piensas,

pero no te conformas con pensar;

si te enfrentas al Triunfo y al Desastre

y das el mismo trato

a esos dos impostores;

si soportas que tuerzan tus palabras

para embaucar con ellas a los tontos;

si se rompen las cosas

a las que has dedicado tu existencia

y te agachas a rehacerlas;

si juntas todas tus ganancias para

jugártelas a cara o cruz, y pierdes,

y vuelves a empezar de nuevo,

una vez más,

sin mencionar siquiera lo perdido;

y si tu corazón,

tus músculos, tus nervios

cumplen incluso cuando ya no son

lo que eran, y resistes

cuando ya no te queda

sino la voluntad de resistir;

si hablas con multitudes

sin perder la honradez

y paseas con reyes

sin perder la humildad;

si no pueden hacerte

daño tus enemigos

-tampoco tus amigos-

y todo el mundo cuenta contigo

-no en exceso-;

si no desaprovechas

ni un segundo de cada

minuto de carrera,

la tierra y cuanto en ella existe

es para ti;

serás, en fin, lo que se dice un hombre.

 

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“Me basta así” por Angel González

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas…
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).

“Yo soy” de Elena Medel

“Yo soy Elisabeth Gille llorando tu marcha:

éstas son mis cartas de cumpleaños quemadas.

Yo soy tu hija pequeña sin regalos de Navidad.

Persiguiendo a los nazis, saltando la valla.

Yo soy David Golder arruinado tras tu muerte.

Yo soy un acorde de piano cualquiera

que, de repente, en Issy-L’Evêque suena.

Yo soy Danièle Darrieux tirándose a un ministro nazi.

Yo soy la familia Kampf en un baile malogrado.

Yo soy las lágrimas que derramaste

en una cámara de gas en Auschwitz.

Yo soy el espíritu de la mala suerte.

Yo soy, como tú, una judía atea.

Yo también me exilié por la guerra.

Y soy un susurro al oído y un cuento de Chejov

y las moscas del otoño en un suburbio de Moscú

y soy un perro y soy un lobo

y soy un trago de vino de soledad…

Y soy tu todo y soy tu nada.

Y soy el cabrón alemán que te mató.

Y el germen de la semilla de tu ser.

Yo también me marché de Kiev.

Yo soy tú y a la vez yo.

Yo soy un insecto que por noviembre

merodea en los crematorios.

Yo soy la elegancia, el clasicismo y la frescura

de la boca que Hitler mandó callar un día.

Yo soy Grasset quemando todos tus fonemas

cuando tus hijas aún duermen a tu sombra.

Soy tu mano que acaricia sus cabellos

y que, dedos traviesos, imagina un nuevo cuento.

Y digo que este poema es Irène Némirovsky

lo mismo que yo soy Finlandia en 1918

y tú eres un corazón más en un mundo vacío.”

Elena Medel: Mi primer bikini

Luis de Góngora

Buenos días desde Academia Cruellas. Hoy nos centramos en el siguiente  soneto de Luis de Góngora.

“Cosas, Celalba mía, he visto extrañas;

cascarse nubes, desbocarse vientos,

altas torres besar sus fundamentos,

y vomitar la tierra sus entrañas;

duras puentes romper, cual tierras cañas,

arroyos prodigiosos, ríos violentos,

mal vadeados de los pensamientos,

y enfrenados peor de las montañas;

los días de Noé, gentes subidas,

en los más altos pinos levantados,

en las robustas hayas más crecidas;

pastores, perros, chozas y ganados

sobre las aguas vi, sin forma y vidas,

y nada temí más que mis cuidados”

Este es un soneto amoroso de Góngora, fechado en 1591. Lo primero que nos llama la atención es la enorme desproporción que hay entre el tema principal, el dolor causado por el sentimiento amoroso, y el tema secundario, la descripción de una naturaleza desatada y convulsa. Este tema se apodera de casi todo el poema. Además los dos temas se presentan en rotunda oposición, y sólo al final el poeta nos dice que el mundo exterior, catastrófico, es menos temible que los cuidados amorosos que le afectan.

El soneto es una declaración de amor a una dama, Celalba, de la que nada sabemos por el poema, excepto el nombre y la intimidad amorosa con la que el poeta la invoca en el primer verso: Celalba mía. Esta ausencia de concreción visual de la amada contribuye a infundirle misterio y grandeza al personaje femenino.

A lo largo de todo el soneto, los dos temas se contraponen en una tensa comparación que sólo se resuelve al final cuando se repite el juego de alternancia y enfrentamiento entre ambos: todas las poderosas imágenes visuales de una naturaleza en convulsión, terremotos, erupciones volcánicas, desbordamientos, huracanes y, para que nada falte, el diluvio universal, no son nada frente a lo que realmente importa: sus cuidados.

Por cierto, el nombre de Celalba está dentro de la más pura tradición literaria idealista. Cielo y alba forman este nombre poético que encubre al de la mujer real. No es preciso supones que Góngora se refiriese con él a una amada de carne y hueso.

William B. Yeats

Si tuviera las vestiduras bordadas del cielo,
entretejidas de luz dorada y color plata,
las azules, las opacas, las oscuras
vestiduras de la noche y la luz y la penumbra,

tendería a tus pies las vestiduras:
pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
he tendido mis sueños a tus pies;
pisa suavemente, pues caminas sobre mis sueños.

Trieste

“He atravesado toda la ciudad.

Después he subido una cuesta,

al principio poblada, más allá desierta,

que un pequeño muro clausura:

un rincón en el que, solo,

me siento. Donde él acaba

diría que se acaba la ciudad.

Trieste posee una gracia

arisca. Si gusta

es como un golfillo brusco y voraz,

de ojos azules y manos demasiado grandes

para regalar una flor;

como un amor

con celos.

Desde esta cuesta, diviso cada iglesia

y cada una de sus calles, se encaminen a la playa ocupada

o a la colina donde, en su cima

pedregosa, una casa, la última, se aferra.

Alrededor

de cada cosa circula

un aire extraño, un aire de tormenta,

el aire nativo.

Mi ciudad, que allí donde mires está viva,

tiene el rincón hecho para mí, para mi vivir

pensativo y esquivo.”

Umberto Saba de “Trieste e una donna”

 

Trieste es una encrucijada Norte-Sur. Trieste es el encuentro entre los Alpes y el mar. Es sobre todo un punto de encuentro de la civilización germánica y la civilización eslava con el Adriático veneciano.

El número Pi

Desde Academia Cruellas nos centramos hoy en este breve poema de Wislawa Szymborska dedicado a dicho número.

“El número Pi es digno de admiración

tres coma uno cuatro uno

todas sus cifras siguientes también son iniciales

cinco nueve dos, porque nunca se termina.

No permite abarcarlo con la mirada seis cinco tres cinco

con un cálculo ocho nueve

con la imaginación siete nueve

o en broma tres dos tres, es decir, por comparación

cuatro seis con cualquier otra cosa

dos seis cuatro tres en el mundo.

La más larga serpiente después de varios metros se

interrumpe,

igualmente, aunque un poco más tarde, hacen

las serpientes fabulosas.

El cortejo de cifras que forman el número Pi

no se detiene en el margen de un folio,

es capaz de prolongarse por la mesa, a través del aire,

a través del muro, de una hoja,

del nido de un pájaro,

de las nubes, directamente al cielo

a través de la total hinchazón e inmensidad del cielo.

¡Oh, qué corta es la cola del cometa, como la de un

ratón!

¡Qué frágil el rayo de la estrella que se encorva en cualquier espacio!

Pero aquí dos tres quince trescientos noventa

mi número de teléfono, la talla de tu camisa,

año mil novecientos setenta y tres, sexto piso,

número de habitantes, sesenta y cinco céntimos,

la medida de la cadera, dos dedos, la charada y el código

en la que mi ruiseñor vuela y canta

y pide un comportamiento tranquilo

también transcurren la tierra y el cielo

pero no el número Pi, éste no,

él es todavía un buen cinco

no es un ocho cualquiera

ni el último siete

metiendo prisa, oh, metiendo prisa a la perezosa

eternidad

para la permanencia”

WISLAWA SZYMBORSKA

 

Osip Mandelsthan

Tengo entre manos el libro de Poesías de Osip Mandelstham. Miro una fotografía del joven Osip y veo a un poeta de origen judío que estuvo proscrito en la larga lista de personas peligrosas para la sociedad rusa. Veamos algunos de sus poemas.

“¡Oh cielo, cielo, me serás soñado!

No es posible que quedases sin vista

Y ardiese el día como un folio en blanco:

¡Algo de humo, algo de cenizas!”  (1911)

“Cauteloso y sordo sonar

La fruta de un árbol caída

Entre la tierna melodía

Del bosque en su abrupto callar” (1908)

“Ayúdame, Señor, a pervivir esta noche.

Que yo por mi vida, que es tu esclava, miedo tango.

Vivir en San Petersburgo es en una tumba dormir” (1931)

En 1923 recibió la “primera invitación oficial” para dejar de publicar poemas, y en 1937 el periódico Comuna publica un artículo en el que Mandelshtam figura entre los “trotskistas” y otros enemigos de clase que intentaron infiltrarse en la Unión de escritores. “Me encuentro en la situación de un perro…Soy una sombra. No existo. Solo tengo derecho a morir. A mí y a mi esposa nos instigan a que nos suicidemos..(carta de Mandelshtam a Chukovsky).

En mayo de 1938 arrestan a Osip y en agosto lo condenan a cinco años de trabajo reeducativo en los campos del Gulag por actividad contrarrevolucionaria. A finales de octubre cuando ya estaba en Vladivostok escribe lo siguiente: “Estoy muy débil de salud, totalmente extenuado, he adelgazado y casi no se me puede conocer, pero creo que no tiene sentido enviarme productos y ropa. Intentad, no obstante, hacerlo. Me hielo sin ropa”. Finalizamos con algunos poemas sueltos:

“El poder es tan repugnante como las manos de un barbero”

“…todo el mundo quiere ver a todo el mundo: nacidos, portadores de ruina, aún no muertos”.

“El sentido es vano, las palabras nada más que ruido”.

Gustavo Adolfo Bécquer

“Olas gigantes que os rompéis bramando

en las playas desiertas y remotas,

envuelto entre la sábana de espumas,

¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis

del alto bosque las marchitas hojas,

arrastrado en el ciego torbellino,

¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo

y en fuego ornáis las desprendidas orlas,

arrebatado entre la niebla oscura,

¡llevadme con vosotras!

Llevadme, sin piedad, a donde el vértigo

con la razón me arranque la memoria.

¡Por piedad!¡Tengo miedo de quedarme

con mi dolor a solas”

Gustavo Adolfo Bécquer, Rima LII

Este poema de Bécquer se asemeja al instante en que contemplamos un cuadro de Friedrich. Aquí está condensada toda la fuerza del Romanticismo: una naturaleza destructora, que es, paradójicamente, la única salida para un alma atormentada por un amor perdido. La estructura de este poema es engañosa ya que el tema principal lo encontramos al final: tras la visión casi apocalíptica de un paisaje tormentoso, en realidad comprendemos que se trata de una naturaleza salvadora y piadosa. La auténtica violencia es la que sufre el corazón atormentado por el recuerdo amoroso.

T.S. Eliot: La tierra baldía

“Abril es el mes más cruel, hace brotar

lilas en tierra muerta, mezcla

memoria y deseo, remueve

lentas raíces con lluvia primaveral.

El invierno nos tuvo cobijados, cubriendo

de nieve olvidadiza la tierra, alimentando

una pequeña vida con tubérculos secos.

Nos sorprendió el verano a la altura del Starnbergersee

con una fina lluvia; nos detuvimos en los soportales

y ya con sol continúa, por el Holgaren,

y tomamos café conversando un buen rato….”

T.S. Eliot el entierro de los muertos