Si…….. de Rudyard Kipling

Si puedes mantener

la cabeza en su sitio

cuando todos la pierden

-y te culpan por ello-;psi confías en ti

cuando los otros desconfían

-y les das la razón-;

si puedes esperar sin cansarte,

si no mientes

cuando te vienen con mentiras

ni odias a los que te odian y aún así,

no te las das de santo ni de sabio;

si sueñas, sin llegar

a ser esclavo de tus sueños;

si piensas,

pero no te conformas con pensar;

si te enfrentas al Triunfo y al Desastre

y das el mismo trato

a esos dos impostores;

si soportas que tuerzan tus palabras

para embaucar con ellas a los tontos;

si se rompen las cosas

a las que has dedicado tu existencia

y te agachas a rehacerlas;

si juntas todas tus ganancias para

jugártelas a cara o cruz, y pierdes,

y vuelves a empezar de nuevo,

una vez más,

sin mencionar siquiera lo perdido;

y si tu corazón,

tus músculos, tus nervios

cumplen incluso cuando ya no son

lo que eran, y resistes

cuando ya no te queda

sino la voluntad de resistir;

si hablas con multitudes

sin perder la honradez

y paseas con reyes

sin perder la humildad;

si no pueden hacerte

daño tus enemigos

-tampoco tus amigos-

y todo el mundo cuenta contigo

-no en exceso-;

si no desaprovechas

ni un segundo de cada

minuto de carrera,

la tierra y cuanto en ella existe

es para ti;

serás, en fin, lo que se dice un hombre.

 

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Opera in extremis. Relato corto

Estaba abatido. Hoy era el primer día, durante muchos años, que no tenía nada que hacer a lo largo de la jornada laboral. Como ya sabemos, la reestructuración empresarial consideró que ya no era una persona útil. ¿Quién determina la utilidad o no de las personas? Mientras sus pensamientos cabalgaban velozmente, de pronto sonó el teléfono.
¿Si?, ¿dígame?
¿D. Antonio Sardina?
Sí. Soy yo. ¿Con quien hablo?
Soy Eustaquio Fernandez, abogado. Me pongo en contacto con Vd ya que represento los negocios de Juan Bartolome y …….
Perdone, ¿intenta venderme alguna cosa? Ya que si es así podemos zanjar la conversación en este preciso momento.
No. Espere. Juan Bartolome es un empresario español que está afincado en Bolonia. Allí creó un pequeño negocio artesanal el cual a lo largo de los años se extendió por toda Italia. Se dedica a la fabricación de mermeladas, y al mundo cárnico. Más concretamente al sector porcino.
No puede ser. Me despiden como responsable de calidad de Mermeladas Fruti, y ahora resulta que estoy hablando con alguien, que no sé quién es, dedicado también al mundo de las mermeladas. Tengo que aprovechar mi momento. Voy a hacer un buen elevator pitch.
Todavía no han llegado a la cima de ventas. Por ello necesitan un buen…………..
Sr. Sardina no le estoy ofreciendo un puesto de trabajo. Ya sabemos que fue despedido, pero no nos interesa su faceta industrial. No el señor Bartolomé está interesado en su faceta ¿cómo llamarlo? ¿Ganadera-musical?
No es posible. Si nadie sabe que me dedico a cantar operas. Bueno nadie… Mi mujer y mis hijos soportan esta cara oculta, y por supuesto mi hermano. Además es curioso porque generalmente suelo practicarlo cuando más hundido estoy. Creo que es una liberación. Por cierto, hoy tengo que ir a las granjas de cerdos que tiene mi hermano para cantarles el Otelo de Verdi.
¿A qué se refiere? No tengo ni la menor idea de lo que está hablando.
Por favor, señor Sardina. No sea humilde. Sabemos que les canta opera a los cerdos de las granjas de su hermano José.
Se habrán confundido.

“Me basta así” por Angel González

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas…
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).

Relato corto: Ruptura de Paradigmas (I)

“Apenas controlaba nada. Lo único que quería era correr. La ciudad se había convertido en un lugar extraño. Aquellos parajes que antaño eran familiares, ahora se habían convertido en lugares desconocidos, poco amigables. Después de treinta años trabajando en una industria alimentaria -elaborábamos mermeladas- estaba despedido. Si ya sé. No es una novedad. No soy el primero en experimentar todas estas sensaciones, y por otro lado, tampoco seré el último al que le suceda. Ya….., pero no lo he visto por televisión, no lo he leído en el periódico, no me lo han comentado mis compañeros. No, nada de todo esto. Lo he sufrido en primera persona.

Es curioso después de hablar con Miguel, el director, experimenté una tranquilidad que hacía años que no tenía en mi vida. ¿Será porque no me gustaba el trabajo? ¿será porque no tenía retos profesionales? No lo sé. Es algo en lo que tendré que pensar…. Ellos me agradecieron-creo que eran sinceros- todos los años que he trabajado para la empresa. Recordábamos cuando iniciamos el periplo empresarial y necesitaban un director de calidad. Aquellos fueron años de trabajo, esfuerzo. Estábamos en la España de finales de los ochenta. Una España que ya no existe, ni en sus gentes ni en su forma de pensar y actuar.”

“Yo soy” de Elena Medel

“Yo soy Elisabeth Gille llorando tu marcha:

éstas son mis cartas de cumpleaños quemadas.

Yo soy tu hija pequeña sin regalos de Navidad.

Persiguiendo a los nazis, saltando la valla.

Yo soy David Golder arruinado tras tu muerte.

Yo soy un acorde de piano cualquiera

que, de repente, en Issy-L’Evêque suena.

Yo soy Danièle Darrieux tirándose a un ministro nazi.

Yo soy la familia Kampf en un baile malogrado.

Yo soy las lágrimas que derramaste

en una cámara de gas en Auschwitz.

Yo soy el espíritu de la mala suerte.

Yo soy, como tú, una judía atea.

Yo también me exilié por la guerra.

Y soy un susurro al oído y un cuento de Chejov

y las moscas del otoño en un suburbio de Moscú

y soy un perro y soy un lobo

y soy un trago de vino de soledad…

Y soy tu todo y soy tu nada.

Y soy el cabrón alemán que te mató.

Y el germen de la semilla de tu ser.

Yo también me marché de Kiev.

Yo soy tú y a la vez yo.

Yo soy un insecto que por noviembre

merodea en los crematorios.

Yo soy la elegancia, el clasicismo y la frescura

de la boca que Hitler mandó callar un día.

Yo soy Grasset quemando todos tus fonemas

cuando tus hijas aún duermen a tu sombra.

Soy tu mano que acaricia sus cabellos

y que, dedos traviesos, imagina un nuevo cuento.

Y digo que este poema es Irène Némirovsky

lo mismo que yo soy Finlandia en 1918

y tú eres un corazón más en un mundo vacío.”

Elena Medel: Mi primer bikini

Luis de Góngora

Buenos días desde Academia Cruellas. Hoy nos centramos en el siguiente  soneto de Luis de Góngora.

“Cosas, Celalba mía, he visto extrañas;

cascarse nubes, desbocarse vientos,

altas torres besar sus fundamentos,

y vomitar la tierra sus entrañas;

duras puentes romper, cual tierras cañas,

arroyos prodigiosos, ríos violentos,

mal vadeados de los pensamientos,

y enfrenados peor de las montañas;

los días de Noé, gentes subidas,

en los más altos pinos levantados,

en las robustas hayas más crecidas;

pastores, perros, chozas y ganados

sobre las aguas vi, sin forma y vidas,

y nada temí más que mis cuidados”

Este es un soneto amoroso de Góngora, fechado en 1591. Lo primero que nos llama la atención es la enorme desproporción que hay entre el tema principal, el dolor causado por el sentimiento amoroso, y el tema secundario, la descripción de una naturaleza desatada y convulsa. Este tema se apodera de casi todo el poema. Además los dos temas se presentan en rotunda oposición, y sólo al final el poeta nos dice que el mundo exterior, catastrófico, es menos temible que los cuidados amorosos que le afectan.

El soneto es una declaración de amor a una dama, Celalba, de la que nada sabemos por el poema, excepto el nombre y la intimidad amorosa con la que el poeta la invoca en el primer verso: Celalba mía. Esta ausencia de concreción visual de la amada contribuye a infundirle misterio y grandeza al personaje femenino.

A lo largo de todo el soneto, los dos temas se contraponen en una tensa comparación que sólo se resuelve al final cuando se repite el juego de alternancia y enfrentamiento entre ambos: todas las poderosas imágenes visuales de una naturaleza en convulsión, terremotos, erupciones volcánicas, desbordamientos, huracanes y, para que nada falte, el diluvio universal, no son nada frente a lo que realmente importa: sus cuidados.

Por cierto, el nombre de Celalba está dentro de la más pura tradición literaria idealista. Cielo y alba forman este nombre poético que encubre al de la mujer real. No es preciso supones que Góngora se refiriese con él a una amada de carne y hueso.

Pavese

Hay una serie de cuestiones que siempre se repiten en la obra de Pavese: el lugar de la infancia y el de la Ley; la existencia de “lugares mágicos”; los desplazamientos y las dudas incesantes del sujeto que los contempla y los describe.

“Los lugares de la infancia vuelven a la memoria de cada cual…..” Para Pavese la infancia no es el tiempo del contacto original y absoluto de las cosas, sino más bien es el momento del descubrimiento de los signos de las cosas. En la infancia todo es nuevo pero toda ha empezado ya:”si se retrocede a cualquier momento de connotación extática ante algo del mundo, se encuentra que nos conmovemos porque ya nos hemos conmovido; y nos hemos conmovido ya porque un día algo se nos apareció transfigurado, separado del resto, por una palabra, una fábula, una idea que se refería a ello”

“Extraño momento aquel en que (trece o doce años) te ibas del pueblo, entreveías el mundo, partías en alas de la fantasía (aventuras, ciudades, nombres, ritmos enfáticos, cosas desconocidas) y no sabías que empezaba un largo viaje que, a través de ciudades, aventuras, nombres, arrebatos, mundos ignotos, te habría llevado a descubrir como rico de todo aquel porvenir precisamente aquel momento de alejamiento -el momento en que eras más pueblo que mundo-, a mirar hacia atrás. Es porque el mundo, el porvenir, lo tienes ahora dentro como pasado, como experiencia, como técnica, y el perenne y rico misterio resulta que es aquel tú infantil que no has tenido tiempo de poseer”.

Escrita en 1949, esta observación va bastante más allá de un simple análisis psicológico de un momento de la infancia. Nos habla de cómo se mezclan y se invierten distancia y proximidad, pasado y porvenir.

“Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”

Esta es una elegía genial de Federico García Lorca. El dolor que está presente en toda ella, parece remansarse en la última parte que reproducimos. Podemos observar muestras del surrealismo lorquiano junto a la claridad.

“No te conoce el toro ni la higuera,

ni caballos ni hormigas de tu casa.

No te conoce tu recuerdo mudo

porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,

ni el raso negro donde te destrozas.

No te conoce tu recuerdo mudo

porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,

uva de niebla y montes agrupados,

pero nadie querrá mirar tus ojos

porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,

como todos los muertos de la Tierra,

como todos los muertos que se olvidan

en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.

Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.

La madurez insigne de tu conocimiento.

Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace

un andaluz tan claro, tan rico de aventura.

Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos”.

Durrell en Alejandria

La guerra mundial llevó a Durrel a Alejandría huyendo de la invasión nazi de Grecia. En 1944 fue destinado a Alejandria como agregado de prensa de la Embajada Británica. Su desazón queda plasmada en cartas y poemas.

“Aquí, en la vieja y fría Pharos, entre Grecia

y todo aquello que yo amo, las luces sumen

en una profunda oscuridad la rugiente marea;

los vivos encerrados tras las puertas

quedamos sumidos en sombras y en pensamientos de paz….”

Durrell encontró en Grecia su lugar ideal. Este cambio fue difícil. “La pérdida de Grecia ha sido una amputación”. su matrimonio quedó destrozado antes de irse a Egipto. Durrell fue a parar a una “costa de faros desmantelados”.

“Restos calcinados de cuatro culturas,

En las orillas del Mareotis, lago salado,

sobre el que cae la lluvia de invierno blanqueándolo,

yPoblándolo de círculos como de ojos.

Cuatro años he vivido aquí:

tiempo de oraciones en el trípode:

profecías para los que nacieron muertos

o que perdieron su personalidad pero preservaron su gusto.”

Sus cartas escritas desde Alejandría nos muestran su inconformidad con la ciudad ya que la considera “un inmundo estercolero”. De esta forma se lo escribe a Henry Miller:”No, no creo que te gustase….esta degradad ciudad napolitana, rota y quebrada, cuyas casas -orientadas a levante- se despellejan al sol. Un mar plano, sucio y sin vida, lame las escolleras del puerto. Árabe, corto, griego, francés colonial; no hay música, no hay arte, no hay vida, sino un mortal aburrimiento, típicamente europeo, amenizado con copas y casetas en la playa. NO HAY MÁS TEMA DE CONVERSACIÓN QUE EL DINERO. Incluso el amor no se concibe más que en términos crematística….No, si uno pudiese escribir aquí una sola línea que tuviera algo de humana, sería un genio”.

Durrell se movía por tristezas a través de Alejandría hacia la elaboración de su Cuarteto al cual dedicaría doce años.