Opera in extremis. Relato corto

Estaba abatido. Hoy era el primer día, durante muchos años, que no tenía nada que hacer a lo largo de la jornada laboral. Como ya sabemos, la reestructuración empresarial consideró que ya no era una persona útil. ¿Quién determina la utilidad o no de las personas? Mientras sus pensamientos cabalgaban velozmente, de pronto sonó el teléfono.
¿Si?, ¿dígame?
¿D. Antonio Sardina?
Sí. Soy yo. ¿Con quien hablo?
Soy Eustaquio Fernandez, abogado. Me pongo en contacto con Vd ya que represento los negocios de Juan Bartolome y …….
Perdone, ¿intenta venderme alguna cosa? Ya que si es así podemos zanjar la conversación en este preciso momento.
No. Espere. Juan Bartolome es un empresario español que está afincado en Bolonia. Allí creó un pequeño negocio artesanal el cual a lo largo de los años se extendió por toda Italia. Se dedica a la fabricación de mermeladas, y al mundo cárnico. Más concretamente al sector porcino.
No puede ser. Me despiden como responsable de calidad de Mermeladas Fruti, y ahora resulta que estoy hablando con alguien, que no sé quién es, dedicado también al mundo de las mermeladas. Tengo que aprovechar mi momento. Voy a hacer un buen elevator pitch.
Todavía no han llegado a la cima de ventas. Por ello necesitan un buen…………..
Sr. Sardina no le estoy ofreciendo un puesto de trabajo. Ya sabemos que fue despedido, pero no nos interesa su faceta industrial. No el señor Bartolomé está interesado en su faceta ¿cómo llamarlo? ¿Ganadera-musical?
No es posible. Si nadie sabe que me dedico a cantar operas. Bueno nadie… Mi mujer y mis hijos soportan esta cara oculta, y por supuesto mi hermano. Además es curioso porque generalmente suelo practicarlo cuando más hundido estoy. Creo que es una liberación. Por cierto, hoy tengo que ir a las granjas de cerdos que tiene mi hermano para cantarles el Otelo de Verdi.
¿A qué se refiere? No tengo ni la menor idea de lo que está hablando.
Por favor, señor Sardina. No sea humilde. Sabemos que les canta opera a los cerdos de las granjas de su hermano José.
Se habrán confundido.

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Taller de Creatividad

Buenos días desde Academia Cruellas, en Fraga. Es bien sabido que los adolescentes, y no sólo ellos, tienen miedo al ridículo. Hay muchas razones del porqué ocurre esto, pero una de las más importantes es el miedo a equivocarse. Este miedo genera incertidumbre y ambigüedad.

Para paliar esta situación, hemos creado unos talleres de creatividad. Estos talleres nos reconfiguran nuestra visión de la realidad, es decir, amplia nuestra forma de percibir las cosas. Además, tenemos que tener presente que la incertidumbre es el alimento de la creatividad y por ello los errores son una oportunidad de aprendizaje.

A lo largo del mes de junio aportaremos mayor información sobre todo ello.