“Apenas controlaba nada. Lo único que quería era correr. La ciudad se había convertido en un lugar extraño. Aquellos parajes que antaño eran familiares, ahora se habían convertido en lugares desconocidos, poco amigables. Después de treinta años trabajando en una industria alimentaria -elaborábamos mermeladas- estaba despedido. Si ya sé. No es una novedad. No soy el primero en experimentar todas estas sensaciones, y por otro lado, tampoco seré el último al que le suceda. Ya….., pero no lo he visto por televisión, no lo he leído en el periódico, no me lo han comentado mis compañeros. No, nada de todo esto. Lo he sufrido en primera persona.

Es curioso después de hablar con Miguel, el director, experimenté una tranquilidad que hacía años que no tenía en mi vida. ¿Será porque no me gustaba el trabajo? ¿será porque no tenía retos profesionales? No lo sé. Es algo en lo que tendré que pensar…. Ellos me agradecieron-creo que eran sinceros- todos los años que he trabajado para la empresa. Recordábamos cuando iniciamos el periplo empresarial y necesitaban un director de calidad. Aquellos fueron años de trabajo, esfuerzo. Estábamos en la España de finales de los ochenta. Una España que ya no existe, ni en sus gentes ni en su forma de pensar y actuar.”

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