Desde Academia Cruellas vamos a centrar hoy nuestro comentario a la teoría general la relatividad de Einstein. Como es bien sabido, a partir de 1915, todos los esfuerzos de Einstein se centran en la consecución de un sistema unificado. Aunque no lo consiguió, la teoría generalizada de la relatividad marca un hito en la historia del pensamiento. La teoría especial (restringida) estudiaba sistemas en movimiento uniforme y rectilíneo. Pero Einstein buscaba una ley válida universalmente, es decir, para cualquier sistema de referencia, sea cual sea su movimiento.

Hasta el siglo XIX, espacio en general, espacio físico y espacio ecuclídeo eran una y la misma cosa. Pero en esta época, un renacer del interés por la sistematización formal lleva a los geómetras a intentar la conversión de los Elementos de Euclides en un sistema axiomçatico. En esa obra, un postulado, el V, no podía deducirse lógicamente de los principios generales. El postulado afirma que por un punto exterior a una recta no puede trazarse sino una paralela (o, dicho de otro modo, que los ángulos de un triángulo valen dos rectos). Se intentó demostrar el postulado por reducción al absurdo: negándolo, se llegarçia a una contradicción con los principios. Pero no se llegó a dicha contradicción. El postulado se basaba en un hecho psicofísico: nuestra percepción del espacio como tridimensional (debida más a los canales semicirculares del oído que a la vista, que percibe los objetos en perspectiva).

De entre las múltiples teorías surgidas como posibles podemos señalar dos grupos: en uno, cabe trazar infinitas paralelas a otra dada. Es la geometría de Lobachevsky. En el otro grupo no es posible trazar ninguna paralela a otra dada. Es la geometría de Riemann. El espacio describe en esta geometría una curva generadora de ángulos obtusos, en donde la línea recta es la distancia más larga entre dos puntos. Ambas geometrías fueron consideradas meras especulaciones matemáticas. Sin embargo, es la euclídea la que hoy parece amenazada.

La que muestra mayor interés es la geometría riemanniana por haber sido elegida por Einstein para explicar matemáticamente su teoría generalizada. La unión de esta geometría y las doctrinas einsteinianas nos ofrecen la imagen de un espacio-tiempo continuo y tetradimensional (se incluye el tiempo, pero no como una dimensión más, sino alterando las otras), finito pero ilimitado y no uniforme: el espacio -y su curvatura- varía según las masas que lo constituyen. De este modo, la atracción de los cuerpos puede ser explicada, newtonianamente, por una fuerza gravitatoria, o, según Einstein, por la curvatura del espacio, que obliga a combarse incluso a los rayos lumínicos que atraviesan la región. Así, la fuerza (un hecho físico) se explica por una configuración geométrica, pero esta última, a su vez, se utiliza por la necesidad de dar razón de un hecho físico: la velocidad de la luz. Tenemos que observar que de esta forma, deja de tener sentido la pregunta por un centro del universo y por una ordenación racional de las masas en su torno. Hay que decir que, pese a la confirmación experimental, la idea de un espacio protuberante (hichándose y deshichándose constantemente según las masas se ubican en una región dada), tetradimensional, curvo y finito en volumen (sin centro), pero ilimitado, resulta extraña

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