La teoría del ímpetu

Buenos días desde Academia Cruellas. Ya en el siglo XIV, filósofos como Juan Buridiano y Nicolás de Oresme propusieron como alternativa su teoría del impetus. Con ella no serían necesarias las Inteligencias (ángeles) para mover los cuerpos celestes. Oresme llegaría, incluso, a decir que Dios podría haber puesto en funcionamiento el universo, en un principio y abandonarlo después a sus solas fuerzas, para que actuara como un mecanismo. Pero, tendríamos que esperar dos siglos para el establecimiento de la ley de la inercia. En síntesis, la teoría afirmaba que el proyectil se ponía en movimiento por un traspaso de fuerza desde el proyector. Esta fuerza obraba como un ímpetu que se iba gastando según iba avanzando el móvil. Así podía explicarse el movimiento de la flecha, pero no el de los graves. Para este caso, se imaginaba que, a cada descenso, se iba añadiendo al móvil un impetus accidentales, extraído del medio circulante. Se llegó, incluso, a describir la masa de un cuerpo como la relación entre impetus y velocidad. Sin embargo, los teóricos del ímpetu no pudieron matematizar sus descripciones. Además, suponían que, agotado el ímpetu, la flecha debería caer verticalmente, lo cual estaba lejos de lo observado.

Una de las razones por las que la teoría no prosperó se debió a que corregía puntos particulares del sistema, pero no lo sustituía por un nuevo marco teórico. Eran sólamente remiendos para un edificio que se cuarteaba.

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