En filosofía, este termino designa la situación de la conciencia -o del sujeto- que se pierde a sí mismo en lo otro, en una realidad ajena o extraña, aunque ésta pueda ser producto de la propia conciencia, la cual, sin embargo, no se reconoce en su producto. Así ocurre en el idealismo de Hegel con el mundo exterior, en Feuerbach con la idea de un Dios personal en que el hombre se proyecta. El término ha sido elaborado ampliamente por el marxismo a través de la realidad del trabajo en la sociedad capitalista. Un trabajo alienado en la medida en que:

  • el producto del trabajo no es propiedad del propio trabajador
  • la actividad productiva misma le es ajena al haber sido objeto de venta en el mercado de la “fuerza de trabajo”
  • se origina así un despojo general del hombre en nuestra sociedad con una verdadera separación de esencia y de existencia

La esencia humana no se encuentra realizada en una sociedad deshumanizada y en que el hombre se encuentra dividido en los más diversos planos, no sólo el económico, sino el político, el ideológico, el religioso. La superación de esta situación se producirá por la apropiación colectiva de los medios de producción, como paso a una nueva sociedad que permita y determine la reconciliación del hombre histórico con su propia realidad.

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