El escepticismo

Dicho  término remite a la idea de examinar atentamente. Y esto ha sido y es la tarea de todo escepticismo, que ejerce una implacable crítica sobre cualquier doctrina, resaltando la inconsistencia de sus principios y conclusiones. De aquí concluye en la negación de toda doctrina como verdadera y, en muchos momentos, se agota en permanentes polémicas con otros sistemas.

El escepticismo se constituye como escuela en el período posaristotélico. Y tiene dos claros antecedentes:

  1. La Academia fundada por Platón. En ella dominaba la idea de que no puede construirse ciencia alguna del mundo sensible. La ciencia sobre el “ser”, la Metafísica, o la elaboración de teorías especulativas sobre el mundo de las ideas, estaba ya muy lejos de los intereses prácticos y de búsqueda de la felicidad dominantes en el momento. El comportamiento del hombre, en consecuencia, no puede fundarse sobre una ciencia verdadera.
  2. Pirrón de Elis, contemporáneo de Alejandro Magno, para quien todo juicio (verdadero o falso, bueno o malo, bello o feo) está basado en la convención o la costumbre. La única posición legítima por parte del hombre radica en la suspensión del juicio. En la vida teórica no hay ninguna verdad cierta, en la práctica hay que acomodarse a las normas dictadas por la tradición, la costumbre o el estado.

 

Se le han atribuido a Agrippa los siguientes “tropos” o argumentos en defensa de la posición escéptica:

  • Modo de la discordancia. La diversidad de opiniones a propósito de unos mismos objetos.
  • El intento de probar algo remite a un proceso “in finitum”
  • Los objetos parecen distintos a las diversas personas, dependiendo de múltiples circunstancias, como, por ejemplo, el temperamento.
  • El punto de partida de las demostraciones es arbitrariamente dogmático. Se acepta como hipótesis una proposición para eludir el “regresas in infinitum”.

 

El escepticismo ha resurgido en diferentes momentos de la historia. Cabe resaltar especialmente el periodo renacentista, con pensadores tan importantes como Erasmo, Montaigne, Charrón, etc. La petulancia de los dogmatismo engendra, en todos los tiempos, posiciones críticas y escépticas.

Un saludo desde Academia Cruellas.

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