Walter Benjamin

Walter Benjamin ocupa un lugar destacado en la historia del marxismo contemporáneo. Es el primer materialista histórico que rompe radicalmente con la ideología del progreso. Este es un marxismo crítico que lo separa del marxismo oficial y le proporciona una nueva visión. Esta visión de Walter Benjamin es debida a que incorpora al  marxismo sus ideas sobre la crítica romántica de la civilización y por otro lado su visión de las tradiciones mesiánicas del judaísmo.

Benjamin contrapone su visión pesimista-revolucionaria al falso optimismo de los modernos marxista y recupera el pronóstico de los propios Marx y engels sobre la deriva del capitalismo hacia la barbarie. A pesar de que rompió con el materialismo en el año 1933, no rompió con el marxismo en tanto que tal. La meta de Benjamin era la profundización y radicalización de la oposición entre marxismo e ideología burguesa.

Benjamin no pretendía establecer una revisión, sino más bien posibilitar una vuelta a Marx. Es verdad que al final de su vida sus escritos rezamos una estrecha relación entre marxismo y mexicanismo. Esto lo podemos ver muy claramente en su famosa alegoría del autómata ajedrecista:

“Como es sabido, se dice que existía un autómata construido en forma tal que era capaz de responder a cada movimiento de un jugador de ajedrez con otro movimiento que le aseguraba el triunfo en la partida. Un muñeco vestido de turco, con la boquilla del narguile en la boca, estaba sentado ante el tablero, posado sobre una amplia mesa. Un sistema de espejos producía la ilusión de que esta mesa era en todos los sentidos transparente. En realidad, había dentro un enano jorobado, el cual era un maestro de ajedrez y movía la mano del muñeco mediante cordeles. Un equivalente de tal mecanismo puede imaginarse en la filosofía. Debe vencer siempre el muñeco llamado “materialismo histórico”. Puede competir sin más con cualquiera cuando pone a su servicio a la teología, la cual hoy, como resulta notorio, es pequeña y desagradable y no debe dejarse ver por nadie”.

En esta alegoría encontramos entrelazados dos motos:

  • la crítica de ese marxismo que entiende la historia como un mecanismo que conduce automáticamente a la victoria del socialismo, y
  • la utilización de la teología para restaurar la fuerza explosiva, mesiánica, revolucionaria, del materialismo histórico, que había sido reducido a la condición de autómata lastimoso.
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