Hegel y la Historia

Releyendo a Hegel vemos como la Historia es concebida como el progreso en el desarrollo de la libertad, es decir, como el desarrollo y progreso del Espíritu. Para visualizar esta idea, extraemos un fragmento de su libro lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Además, dicho texto nos interpela sobre el espíritu, y por ende la libertad que es su sustancia.

“El espíritu no es una cosa abstracta, no es una abstracción de la naturaleza humana, sino algo enteramente individual, activo, absolutamente vivo: es una conciencia, pero también su objeto. La existencia del espíritu consiste en tenerse a sí mismo por objeto. El espíritu es, pues, pensante; y es el pensamiento de algo que es, y el pensamiento de qué y de cómo es. El espíritu sabe; pero saber es tener conciencia de un objeto racional. Además, el espíritu sólo tiene conciencia por cuanto tiene conciencia de sí mismo, esto es: sólo sé de un objeto por cuanto en él sé también de mí mismo, sé que mi determinación consiste en que lo que soy es también objeto para mí, en que soy meramente esto o aquello, sino que soy aquedoo de que sé. Yo sé de mi objeto, y sé de mí; ambas cosas son inseparables. El espíritu se hace, pues, una determinada representación de sí, de lo que es esencialmente, de lo que es su naturaleza. Sólo puede tener un contenido espiritual: y lo espiritual es justamente su contenido, su interés. Asi es como el espíritu llega a su contenido. No es que se encuentre su contenido, sino que se hace su propio objeto, el contenido de sí mismo. El saber es su forma y su actitud; pero el contenido es justamente lo espiritual: Así el espíritu, según su naturaleza, está en sí mismo; es decir, es libre.

(…) es la libertad la sustancia del espíritu. Inmediatamente claro para todos es que el espíritu posee la libertad entre otras propiedades. Pero la filosofía nos enseña que todas las propiedads del espíritu existen sólo mediante la libertad, que todas son simples medios para la libertad, que todas buscan y producen la libertad. Es este un conocimiento de la filosofía especulativa, que la libertad es la única cosa que tiene verdad en el espíritu.

(…) el espíritu consiste en tener el centro en sí; (…) no tiene la unidad fuera de sí, sino que la encuentra continuamente en sí; es y reside en si mismo (…) y esto justamente es la libertad.

(…) Cuando el espíritu tiende a su centro tiende a perfeccionar su libertad; y esta tendencia le es esencial. Cuando se dice en efecto que el espíritu es, esto tiene, ante todo, el sentido de que es algo acabado. Pero es algo activo. La actividad es su esencia; es su propio producto; y así es su comienzo y también su término. Su libertad no consiste en un ser inmóvil, sino en una continua negación de lo que amenaza negar la libertad. producirse, hacerse objeto de sí mismo, saber de sí, es la tarea del espíritu. De esta manera el espíritu existe por sí mismo. Las cosas naturales no existen para sí mismas; por eso no son libres.

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