Retratos de antepasados

Hoy vamos a comentar la costumbre que tenían los romanos una vez que se moría un personaje ilustre. Para ello nada mejor que nos los cuente Polibio:”Siempre que muere un hombre ilustre le hacen el funeral en el Foro, en los llamados Rostra (tribuna adornada con proas de naves capturadas a los volscos de Anzio en el 338), poniéndolo unas veces erguido y otras acostado. Alrededor está el pueblo entero. Sube entonces a los Rostra un hijo del difunto, si por acaso ha dejado uno de la edad apropiada, y si no, otro pariente, que pronuncia un discurso acerca de lo que el muerto ha hecho en vida, y sobre sus méritos o virtudes. Así la multitud, y no sólo los que fueron testigos de aquellos sucesos, sino todos los que nunca participaron en ellos, se compenetran de tal modo con los deudos, que la pérdida no sólo afecta a éstos sino a todo el pueblo. Después de esto, del entierro y de las ceremonias usuales, colocan el retrato del difunto en lugar preferente de la casa, en un armario de madera. Este retrato es una mascarilla, realizada con el máximo cuidado de que se parezca al difunto, tanto en lo que se refiere a la forma como al color.

En las celebraciones de sacrificios públicos, exponen estas imágenes y las adornan primorosamente; cuando un miembro distinguido de la familia muere, las llevan al funeral poniéndoselas a hombres que tienen un parecido sumo con el personaje original, tanto en estatura como en porte. Estos representantes llevan togas ribeteadas de púrpura, si el personaje fue cónsul o pretor; y todas de púrpura, si censor; o bordadas de oro, si celebró un triunfo o algo semejante. Todos desfilan en carrozas precedidos de las fasces, las hachas y otras insignias según la dignidad correspondiente a las magistraturas que cada cual haya desempeñado en su vida, y cuando llegan a los Rostra, se sientan todos en una fila de sillas de marfil.

No podía encontrarse espectáculo más emulador para un joven que aspire a la fama y a la virtud. ¿Pues a quién no le inspiraría la visión de retratos de hombres renombrados por su excelencia, reunidos allí como si estuviesen vivos y respirando?¿Qué espectáculo podría ser más hermoso que éste? Además, el que pronuncia el discurso sobre el que va a ser enterrado, cuando termina de hablar de él, refiere los éxitos y hazañas del resto de las imágenes allí presentes, empezando por la más antigua. Así por esta constante renovación del renombre de los valientes, se inmortaliza la fama de los que han llevado a cabo nobles hazañas, a la vez que la fama de quienes han servido bien a su país se da a conocer al pueblo y es herencia de futuras generaciones……” (Polivio, Historiae, VI)

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