El realismo ruso. Tolstoi, Chejov y Gorki

A principios del siglo XX Tolstoi es el escritor ruso más importante. Tolstoi nació en 1828 y desde finales del XIX rechaza tanto a las autoridades religiosas como a las políticas, lo que le convierte en una especie de portavoz del descontento creciente contra la Rusia zarista.
En su libro ¿Qué es el arte? reúne sus ideas sociales y estéticas, y cuando lo publicó creó un fuerte terremoto en los medios intelectuales rusos. Tolstoi pretendía ser una especie de profeta en lo que el llamaba el arte del porvenir. Este arte tendría que ser hecho por todos y ser para todos. Por lo tanto, esta idea era contraria al simbolismo -creían que el arte estaba reservado para una minoría- pero también de todas aquellas producciones artísticas que nacían bajo el influjo del gusto de las clases dirigentes. Pero fijaros que esta idea nos llevaría hacia una dictadura del gusto de la mayoría.
A principios del siglo XX Tolstoi continuaba en activo, es decir, continuaba publicando novelas y seguía representando obras de teatro como El cadaver viviente en 1900. Tolstoi muere en 1910, y su muerte marcará el fin de una época en Rusia.
Chejov también es un escritor entre dos siglos. A pesar de su mala salud, Chejov seguirá produciendo relatos hasta el fin de sus días, y especialmente obras de teatro. Chejov siempre contó con el apoyo del público, aunque eso, estaba muy poco inclinado hacia las cuestiones teóricas.
El autor más emblemático del siglo XX fue Gorki. Después de pasar una infancia dificil, Alexis Maximovich peshkov adoptó el pseudónimo de Gorki (“el amargo”) para firmar sus libros. Era un autodidacta, y se dio a conocer a partir de los años noventa del siglo XIX con relatos que hablaban de vagabundos. En su obra Tomás Gordeiev (1899) vemos a un hombre que rompe con la riqueza y se hace vagabundo para rechazar la hipocresia y el lucro, mientras que en su obra Los Tres (1902) dibuja los vicios de la sociedad a partir de tres ejemplos concretos. Gorki es detenido en 1905, liberado al año siguiente, se traslada al extranjero. Allí es donde entabla amistad con Lenin. Durante su exilio escribe La madre (1907) que se convertirá en un libro ejemplar para los revolucionarios y para los seguidores del realismo.

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